
Se acaban de presentar los Presupuestos Generales del Estado mas terroríficos que se puedan llevar a cabo. El Gobierno de España lo ha hecho oficial a última hora, confirmando el incumplimiento deliberado de su programa electoral, y generando un ambiente de preocupación entre la población, las empresas y los inversores por su dureza en cuanto a recortes en el gasto público y el agravamiento de las cargas fiscales.
En estos nuevos Presupuesto Generales establecen como prioridad máxima la reducción del déficit público. ¿Cómo pretende el Gobierno conseguirlo? El Ministro de Hacienda actual argumenta que será posible mediante una drástica disminución del gasto público acompañado de un incremento de los ingresos del Estado a base de elevar los impuestos con medidas adicionales a las que ya se han aplicado. Y esta argumentación es una gran mentira.
Esta austeridad acompañada de abuso impositivo genera efectos que distan de una posible salida de la crisis económica, ya que conducen al colapso de los servicios públicos, retraen la capacidad de gasto de las personas, dificultan las condiciones de competitividad de las empresas y reducen el atractivo de la inversión exterior entre otros efectos que lastran la capacidad de generar crecimiento en el país.
Elevar los impuestos indirectos reduce el consumo de manera instantánea, lo que se convierte en una reducción de las ventas de las empresas y por tanto en menores ingresos, dificultando su capacidad de afrontar sus gastos y mermando la posibilidad de que lleven a cabo nuevas contrataciones de personal llegando a poner en peligro incluso los puestos de trabajo que mantienen actualmente. Al mismo tiempo, incrementar el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF) vuelve a reducir la capacidad de gasto de los consumidores, acelerando el proceso de disminución de las ventas en las empresas e intensificando el efecto destructivo de un círculo vicioso que se retroalimenta con el paso del tiempo.
Por otro lado, los recortes de gasto público en servicios básicos de la población como sanidad, educación, prestaciones por desempleo, pensiones, etc. no hacen más que empeorar las condiciones de vida de la población a medio / largo plazo, mermando sus capacidades para convivir en una sociedad avanzada y su capacidad para desarrollar un país mejor y más próspero. Mientras tanto se financia a pequeños grupos de poder económico como la banca, canalizando recursos para compensar sus excesos y sus lujos.
Por tanto, todo lo que nos ha contado el Gobierno de España es mentira, nos ha tomado por idiotas y se burla de una sociedad muy cualificada. Las primeras reacciones han sido inmediatas, siendo las más notables las propuestas iniciadas en Madrid el 25 de septiembre dando lugar al nuevo movimiento denominado como 25S. Las fuertes represiones por parte de la policía han motivado una mayor indignación entre los manifestantes, entre los que se encuentran personas de todo tipo: estudiantes, trabajadores, desempleados, jubilados, empresarios y políticos que exigen la dimisión inmediata de un gobierno que ha llegado al poder con un programa político que es una gran mentira, y que ha sometido al pueblo a soportar todo el peso de la crisis en lugar de trasladarlo al sistema financiero, principal culpable de la situación económica actual.
Todo esto ocurre mientras que España se encuentra liderada por una clase política incompetente, mentirosa y desonesta que no es capaz de generar la confianza necesaria para impulsar los estímulos adecuados. Una clase política compuesta por personas de otra época, caducados e inservibles para transformar la economía y convertirla en un mecanismo que favorezca actividades que generan crecimiento en la nueva sociedad de la información, la tecnología y las energías renovables.
Políticos que además justifican su incompetencia con manipulaciones de la verdad, y que ostentan grandes privilegios que cuestan mucho dinero de las arcas públicas como dietas millonarias, concesiones de licitaciones a empresas afines a sus círculos de amistad, rescates desproporcionados a la banca o un paseo por Nueva York fumando un puro. Mientras todo esto ocurre, la policía repele con violencia las manifestaciones pacíficas de aquellos que no quieren continuar financiando estos excesos con subidas de impuestos y la retirada de servicios sociales básicos.
Todos estos ingredientes combinados dan lugar a un ecosistema en el que pronto no habrá nada que rescatar, pero sí podemos continuar exigiéndole al Gobierno un cambio radical en su política aplicando todas aquellas acciones necesarias para rescatar a su pueblo. Pero al haber demostrado su incapacidad mientras manipula con mentiras a un pueblo mucho más inteligente que sus políticos, exigimos su dimisión y que abandonen el poder si les queda algo de dignidad.
Los ciudadanos exigimos que se marchen para que al menos otras personas puedan intentar reconducir la situación, porque no queremos ser esclavos de la deuda generada por los ricos y no queremos que la cobardía y las mentiras de los políticos insulten a nuestra inteligencia.
Imagen por Israel Hergón en Flickr.